Aunque el descenso no podía ser visualizado por los habitantes de Jerusalén o de sus alrededores , un observador relativamente cercano a nuestro punto de contacto sí hubiera podido descubrir un súbito remolino de polvo y tierra , provocado por el choque de los gases sobre el suelo , en la operación final de frenada del módulo . Por fortuna , aquella polvareda desapareció en poco más de sesenta segundos , así como el agudo silvido del reactor .
A pesar de todo , Eliseo y yo nos mantuvimos alerta por espacio de casi media hora , atentos a cualquier inesperada emisión de radiaciones infrarrojas , provenientes de seres humanos , que pudieran irrumpir en el campo de seguridad de nuestro vehículo , fijado en un radio de 150 pies . Cualquier individuo o animal que penetrase en dicha franja de terreno sería automáticamente visualizado en los paneles del módulo . En caso de un presunto ataque , el tripulante que permanecía en el interior de la cuna estaba autorizado a desencadenar un dispositivo especial de defensa - ubicado en la menbrana exterior del fusalaje - que proyectaba a 30 pies de la nave una pared de hondas gravitatorias en forma de cúpula . Aunque esta semiesfera protectora no podía ser visualizada , el intruso o intrusos que trataran de cruzarla hubieran recibido la sensación de estar avanzando contra un viento huracanado .( Como ya comenté en su momento , ninguno de los expedicionarios podía ocasionar daño alguno , y mucho menos matar , a ninguno de los integrantes de la red social a observar .)
Hacia las 11 horas , tras verificar la temperatura en superficie ( 11,6 grados centígrados ) , la humedad relativa ( 57 por ciento ) , la direcció e intensidad del viento ( ligera brisa del noroeste ) y otros valores más complejos - de carácter biológico - , inicié los últimos preparativos para mi definitiva salida al exterior .
Mientras Eliseo seguía vigilando nuestro entorno , me desnudé , procediendo a una meticulosa revisión de mi cuerpo . Debía desembarazarme de cualquier objeto impropio en aquella época : reloj de pulsera , una cadena con una chapa de identidad , obligatoria en las fuerzas armadas , y una pequeña sortija de oro que siempre había llevado en el dedo meñique izquierdo.
Autor :J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
A pesar de todo , Eliseo y yo nos mantuvimos alerta por espacio de casi media hora , atentos a cualquier inesperada emisión de radiaciones infrarrojas , provenientes de seres humanos , que pudieran irrumpir en el campo de seguridad de nuestro vehículo , fijado en un radio de 150 pies . Cualquier individuo o animal que penetrase en dicha franja de terreno sería automáticamente visualizado en los paneles del módulo . En caso de un presunto ataque , el tripulante que permanecía en el interior de la cuna estaba autorizado a desencadenar un dispositivo especial de defensa - ubicado en la menbrana exterior del fusalaje - que proyectaba a 30 pies de la nave una pared de hondas gravitatorias en forma de cúpula . Aunque esta semiesfera protectora no podía ser visualizada , el intruso o intrusos que trataran de cruzarla hubieran recibido la sensación de estar avanzando contra un viento huracanado .( Como ya comenté en su momento , ninguno de los expedicionarios podía ocasionar daño alguno , y mucho menos matar , a ninguno de los integrantes de la red social a observar .)
Hacia las 11 horas , tras verificar la temperatura en superficie ( 11,6 grados centígrados ) , la humedad relativa ( 57 por ciento ) , la direcció e intensidad del viento ( ligera brisa del noroeste ) y otros valores más complejos - de carácter biológico - , inicié los últimos preparativos para mi definitiva salida al exterior .
Mientras Eliseo seguía vigilando nuestro entorno , me desnudé , procediendo a una meticulosa revisión de mi cuerpo . Debía desembarazarme de cualquier objeto impropio en aquella época : reloj de pulsera , una cadena con una chapa de identidad , obligatoria en las fuerzas armadas , y una pequeña sortija de oro que siempre había llevado en el dedo meñique izquierdo.
Autor :J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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