Minutos después nos distanciábamos de la industriosa familia , remontando la margen derecha de la torrentera . La estribación occidental de la colina , como la pratica totalidad del Nabi , era un inculto salpicado de rocas y monte bajo , trenzado de retamas , armuelles sorprendidos por la humedad del riachuelo , cortinas negras e impenetrables de almajos y decenas de matorrales de cardos de flores violáceas y escarlatas , abiertas al sol y a las motorizadas e incansables escuadrillas de abejas . Y con un no menos tenaz Santiago en cabeza fuimos peinando el oeste .
A las dos horas , con las piernas heridas , el rostro sofocado y los bajos del manto perdidos entre los espinos , el paciente Jacobo se derrumbó sobre uno de los espolones calcáreos , calificando la búsqueda de << ridicula >> . Y se negó a continuar . Sobrado de razón interpeló a Santiago , exigiéndole una aclaración . Si buscaban a un vivo , ¿ Por que hacerlo entre roquedales y zarzas?
A no ser - siguió argumentando ante el grave semblante de su cuñado - que tú sepas algo que los demás ignoramos .- Y sin más circunloquios le emplazó a que hablara sin tapujos -. ¿ Buscamos un cadáver?
Santiago , obligándole a jurar que guardaría el secreto, le confesó sus temores . Y ante la hipótesis de que el Zebedeo hubiera sido asesinado y arrojado a los caminos o barrancas de la zona , el fiel y voluntarioso Jacobo no tuvo más remedio que reconocer el sensato y discreto proceder de su amigo y hermano . Y resignado a su suerte , ciñendo el ropón y la túnica a los riñones , se fué tras él , en dirección a la cumbre . Yo era el menos indicado para hacérselo ver pero , en el supuesto de que el saduceo hubiera segado la vida de Juan , ¿ por qué arriesgarse a soltar el cuerpo en las laderas del Nebi o al borde de los caminos que entraban y salían de Nazaret ? Un reptil como Ismael tenía otros medios para resolver el problema . Obviamente , como era mi obligación , continué en mi papel de << convidado de piedra >>...
Y hablando de piedras , a los diez o quince minutos , cuando nos hallábamos a corta distancia de la cima , la zizagueante e infrutuosa exploración se vio interrumpida por un extraño cántico . Mis compañeros , agachados entre la maleza , me hicieron señales para que me ocultase . Obedecím alarmado . Y gateando fui a pegarme a sus espaldas . Jacobo , temblando de pies a cabeza , me indicó la boca casi triangular de una gruta que se abría a unos treinta metros . Y susurró un nombre:
- Koy.
Autor : J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
A las dos horas , con las piernas heridas , el rostro sofocado y los bajos del manto perdidos entre los espinos , el paciente Jacobo se derrumbó sobre uno de los espolones calcáreos , calificando la búsqueda de << ridicula >> . Y se negó a continuar . Sobrado de razón interpeló a Santiago , exigiéndole una aclaración . Si buscaban a un vivo , ¿ Por que hacerlo entre roquedales y zarzas?
A no ser - siguió argumentando ante el grave semblante de su cuñado - que tú sepas algo que los demás ignoramos .- Y sin más circunloquios le emplazó a que hablara sin tapujos -. ¿ Buscamos un cadáver?
Santiago , obligándole a jurar que guardaría el secreto, le confesó sus temores . Y ante la hipótesis de que el Zebedeo hubiera sido asesinado y arrojado a los caminos o barrancas de la zona , el fiel y voluntarioso Jacobo no tuvo más remedio que reconocer el sensato y discreto proceder de su amigo y hermano . Y resignado a su suerte , ciñendo el ropón y la túnica a los riñones , se fué tras él , en dirección a la cumbre . Yo era el menos indicado para hacérselo ver pero , en el supuesto de que el saduceo hubiera segado la vida de Juan , ¿ por qué arriesgarse a soltar el cuerpo en las laderas del Nebi o al borde de los caminos que entraban y salían de Nazaret ? Un reptil como Ismael tenía otros medios para resolver el problema . Obviamente , como era mi obligación , continué en mi papel de << convidado de piedra >>...
Y hablando de piedras , a los diez o quince minutos , cuando nos hallábamos a corta distancia de la cima , la zizagueante e infrutuosa exploración se vio interrumpida por un extraño cántico . Mis compañeros , agachados entre la maleza , me hicieron señales para que me ocultase . Obedecím alarmado . Y gateando fui a pegarme a sus espaldas . Jacobo , temblando de pies a cabeza , me indicó la boca casi triangular de una gruta que se abría a unos treinta metros . Y susurró un nombre:
- Koy.
Autor : J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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