Y los centuriones saltaron al siguiente y no menos espinoso capítulo : ¿ cómo mantener mi boca cerrada ?
Esta vez se retiraron hasta el pozo , deliberando en secreto . Y un mal presagio se dibujó en dos de los rostros . El tercero - el del centurión de los ojos claros - negaba una y otra vez , rechazando la << idea >> de sus compañeros .
¿ Huía ?
Contemplé la posibilidad , pero al punto comprendiendo que no era la solución , traté de pensar a mayor velocidad que los suboficiales . Y al reparar en las altas palmeras creí encontrar la fórmula para conjurar el nuevo peligro y reconducir la situación hacia el objetivo prioritario: mi presencia en Cesarea
Y simulando una calma inexistente fui a interrumpirlos , proponiendo una salida mucho más airosa . Escucharon intrigados y recelosos . Y antes de proceder , adoptaron cierta solemnidad , procuré venderles la arriesgada idea . Si salía mal quizá me viera obligado a recurrir a métodos más severos ...
Y conforme expuse mi parecer , dos de los tres centuriones fueron negando sistemáticamente . Pero no me rendí . Y volví a la carga , asegurando que mi comparecencia ante el gobernador podría resultar beneficiosa para todos . Por razones personales - añadí -, este griego tenía especial interes en mostrar a Poncio algunos de sus poderes mágicos .
Protestaron , recordando mis recientes palabras . Supliqué calma y maticé que quien esto escribe no había negado en ningún momento su condición de mago . Otra cuestión era que no supiera cómo se produjo el << abrasamiento >> del gladius .
No quedaron muy convencidos . Pero el de la voz cavernosa acudió en mi auxilio , sugiriendo que me dejaran terminar .
Y aceptaron a regañadientes , me instaron a que fuera al grano . Y así lo hice , comunicándoles que , si me autorizaban a demostrar dichos poderes , ellos y yo obtendriamos sendos beneficios . Si el << truco mágico >> les complacía , estaba dispuesto a viajar a Cesarea - debidamente escoltado , por supuesto - y reconocer ante Poncio que era el autor del << abrasamiento >>. La guarnición cumpliría así la orden , apuntándose un estimable éxito . En cuanto a mi - insistí - , quizá saliese de la audiencia con una buena bolsa ...
Autor : J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
Esta vez se retiraron hasta el pozo , deliberando en secreto . Y un mal presagio se dibujó en dos de los rostros . El tercero - el del centurión de los ojos claros - negaba una y otra vez , rechazando la << idea >> de sus compañeros .
¿ Huía ?
Contemplé la posibilidad , pero al punto comprendiendo que no era la solución , traté de pensar a mayor velocidad que los suboficiales . Y al reparar en las altas palmeras creí encontrar la fórmula para conjurar el nuevo peligro y reconducir la situación hacia el objetivo prioritario: mi presencia en Cesarea
Y simulando una calma inexistente fui a interrumpirlos , proponiendo una salida mucho más airosa . Escucharon intrigados y recelosos . Y antes de proceder , adoptaron cierta solemnidad , procuré venderles la arriesgada idea . Si salía mal quizá me viera obligado a recurrir a métodos más severos ...
Y conforme expuse mi parecer , dos de los tres centuriones fueron negando sistemáticamente . Pero no me rendí . Y volví a la carga , asegurando que mi comparecencia ante el gobernador podría resultar beneficiosa para todos . Por razones personales - añadí -, este griego tenía especial interes en mostrar a Poncio algunos de sus poderes mágicos .
Protestaron , recordando mis recientes palabras . Supliqué calma y maticé que quien esto escribe no había negado en ningún momento su condición de mago . Otra cuestión era que no supiera cómo se produjo el << abrasamiento >> del gladius .
No quedaron muy convencidos . Pero el de la voz cavernosa acudió en mi auxilio , sugiriendo que me dejaran terminar .
Y aceptaron a regañadientes , me instaron a que fuera al grano . Y así lo hice , comunicándoles que , si me autorizaban a demostrar dichos poderes , ellos y yo obtendriamos sendos beneficios . Si el << truco mágico >> les complacía , estaba dispuesto a viajar a Cesarea - debidamente escoltado , por supuesto - y reconocer ante Poncio que era el autor del << abrasamiento >>. La guarnición cumpliría así la orden , apuntándose un estimable éxito . En cuanto a mi - insistí - , quizá saliese de la audiencia con una buena bolsa ...
Autor : J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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