Hacia tiempo que el Nazareno se había hecho prácticamente un ovillo , con la cabeza y parte del tórax reclinados sobre los brazos , en posición fetal . Los golpes , cada vez más lentos y espaciados , seguían desgarrando sus nalgas , vientre costados y zonas laterales de las piernas , hiriendo , incluso , las plantas de los pies .
Algunos de los soldados , aburridos o conmovidos por aquella salvaje paliza , habían empezado a abendonar el lugar , ocupándose en sus quehaceres habituales .
Civilis , que venía observando el progresivo agotamiento de los verdugos , dirigió una significativa mirada a Lucilio , el gigantesco centurión que yo habia visto en el apaleamiento del soldado romano . El de Panonia comprendió las intenciones del primus prior y , abriendose paso a empujones entre los miembros de la cohorte , levantó su brazo capturando al vuelo el flagrum del infante situado a lam derecha del maestro , cuando aquél se disponía a descargar un nuevo golpe .
La súbita presencia de aquella torre humana , empuñando el látigo de triple cola , fue suficiente para que ambos verdugos se retiraran , dejándose caer - casi sin respiración - sobre las losas del patio .
Y la soldadesca , conocedore de la fuerza y crueldad del oficial , guardo silencio , pendiente de todos y cada uno de los movimientos de aquel oso .
Lucilio acarició las correas , limpiando la sangre con sus dedos . Después , colocándose a un metro del costado izquierdo del prisionero , lenató su brazo derecho , lanzando un preciso y feroz latigazo sobre la parte baja de las nalgas de Jesús . El zurriagazo debió tocar el coxis y el afilado dolor reactivó el sistema nervioso del rabí , que llegó a incorporarse durante algunos segundos . Pero , en medio de grandes temblores , sus músculos fallaron , hincándose de rodillas .
La soldadesca acogió aquel estudiado ataque con una exclamación que iría repitiéndose a cada latigazo :
- Cedo alteram !
Autor :J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
Algunos de los soldados , aburridos o conmovidos por aquella salvaje paliza , habían empezado a abendonar el lugar , ocupándose en sus quehaceres habituales .
Civilis , que venía observando el progresivo agotamiento de los verdugos , dirigió una significativa mirada a Lucilio , el gigantesco centurión que yo habia visto en el apaleamiento del soldado romano . El de Panonia comprendió las intenciones del primus prior y , abriendose paso a empujones entre los miembros de la cohorte , levantó su brazo capturando al vuelo el flagrum del infante situado a lam derecha del maestro , cuando aquél se disponía a descargar un nuevo golpe .
La súbita presencia de aquella torre humana , empuñando el látigo de triple cola , fue suficiente para que ambos verdugos se retiraran , dejándose caer - casi sin respiración - sobre las losas del patio .
Y la soldadesca , conocedore de la fuerza y crueldad del oficial , guardo silencio , pendiente de todos y cada uno de los movimientos de aquel oso .
Lucilio acarició las correas , limpiando la sangre con sus dedos . Después , colocándose a un metro del costado izquierdo del prisionero , lenató su brazo derecho , lanzando un preciso y feroz latigazo sobre la parte baja de las nalgas de Jesús . El zurriagazo debió tocar el coxis y el afilado dolor reactivó el sistema nervioso del rabí , que llegó a incorporarse durante algunos segundos . Pero , en medio de grandes temblores , sus músculos fallaron , hincándose de rodillas .
La soldadesca acogió aquel estudiado ataque con una exclamación que iría repitiéndose a cada latigazo :
- Cedo alteram !
Autor :J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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