En un titánico esfuerzo por soportar el dolor , Jesús de Nazaret se había aferrado a la argolla de la columna , levantando el rostro hasta donde le era posible . Los músculos de su cuello , tensos como la cuerda de un arco , contrastaban con las fosas supraclaviculares , inundads por un sudor frío que chorreaba sin cear y que iba destiñendo el rojo encendido de la sangre .
- ¡ Duo-de-viginti !
El verdugo cantó el golpe número 18 , lanzando su látigo sobre el pecho del reo . Y una de las parejas de huesecillos de carnero debió herir el pezón izquierdo de Jesús . El intentisimo dolor provocó un vertiginoso movimiento reflejo y el gigante se incorporo con todas sus fuerzas , al tiempo que sus dientes - sólidamente apretados unos contra otros - se abrían , emitiendo un desgarrador gemido . Era el primer lamento del Rabí.
El tirón fue tan súbito y potente que las cuerdas que le sujetaban a la argolla se rompieron y el cuerpo del Maestro se precipitó hacia atrás violentamente . Aquello pilló desprevenidos a los verdugos y al resto de la tropa , que retrocedieron asustados .
El nazareno cayó pesadamente sobre sus espaldas , resbalando sobre el enlosado y dejando un ancho reguero de sangre . Cuando los soldados se precipitaron sobre él , levantándolo pesadamente , la respiración de Jesús se había hecho sumamente agitada .
Yo aproveché aquel momento de confusión para ajustarme las << crótalos >> e iniciar una exhaustiva exploración de los destrozos ocasionados por la flagelación . Pulsé el clavo de los ultrasonidos a su posición más profunda y me dispuse a rastrear , en primer lugar los tejidos superficiales .
Los soldados habían arrastrado al reo hasta la pequeña columna , sujetándolo nuevamente a la argolla . Y los verdugos reanudaron los azotes , sumamente irritados por aquel contratiempo.
Los golpes , cada vez más implacables , fueron humillando poco a poco el cuerpo del Maestro , que terminó por doblar las rodillas , mientras sus dedos , chorreando sangre , se crispaban por el dolor . A cada latigazo , Jesús habia empezado a responder con un corto y apagado gemido.
Autor :J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
- ¡ Duo-de-viginti !
El verdugo cantó el golpe número 18 , lanzando su látigo sobre el pecho del reo . Y una de las parejas de huesecillos de carnero debió herir el pezón izquierdo de Jesús . El intentisimo dolor provocó un vertiginoso movimiento reflejo y el gigante se incorporo con todas sus fuerzas , al tiempo que sus dientes - sólidamente apretados unos contra otros - se abrían , emitiendo un desgarrador gemido . Era el primer lamento del Rabí.
El tirón fue tan súbito y potente que las cuerdas que le sujetaban a la argolla se rompieron y el cuerpo del Maestro se precipitó hacia atrás violentamente . Aquello pilló desprevenidos a los verdugos y al resto de la tropa , que retrocedieron asustados .
El nazareno cayó pesadamente sobre sus espaldas , resbalando sobre el enlosado y dejando un ancho reguero de sangre . Cuando los soldados se precipitaron sobre él , levantándolo pesadamente , la respiración de Jesús se había hecho sumamente agitada .
Yo aproveché aquel momento de confusión para ajustarme las << crótalos >> e iniciar una exhaustiva exploración de los destrozos ocasionados por la flagelación . Pulsé el clavo de los ultrasonidos a su posición más profunda y me dispuse a rastrear , en primer lugar los tejidos superficiales .
Los soldados habían arrastrado al reo hasta la pequeña columna , sujetándolo nuevamente a la argolla . Y los verdugos reanudaron los azotes , sumamente irritados por aquel contratiempo.
Los golpes , cada vez más implacables , fueron humillando poco a poco el cuerpo del Maestro , que terminó por doblar las rodillas , mientras sus dedos , chorreando sangre , se crispaban por el dolor . A cada latigazo , Jesús habia empezado a responder con un corto y apagado gemido.
Autor :J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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