La voz enroquecida del apóstol me sumió en una indescriptible tristeza . Como los de Juan y Simón el Zelote , sus ojos aparecían inchados , enrojecidos por la falta de sueño y las lágrimas y cercados por unas lamentables y negras ojeras.
¡ Cuánto desee en ese momento decirle la verdad ! Anunciarle lo que le reservaba el destino y , así , enjugar su pena y la mía .... Pero no era ése mi trabajo . Y palmeando sus fuertes espaldas , sólo se me ocurrió una difusa y nada reconfortante respuesta :
- Se trata de un trastorno ... pasajero.
El bueno de Pedro intentó corresponder con una sonrisa . Pero no lo logró . Y ocultando su rostro en aquellas velludas y encallecidas manos de pescador , comenzó a sollozar entre esporádicos temblores .
Tuve que retirarme , maldiciendo el código moral al que estaba sujeto .
Pero , de improviso , unos golpes vinieron a sacarme de mi aturdimiento .
La reacción del grupo fue fulminante y digna de haber sido narrada por los evangelistas .
Santiago Zebedeo se puso en pie de un salto , blandiendo la espada . Pedro , con los ojos desencajados por el miedo , fue a parapetarse tras el divan , no acertando , en su nerviosismo , a desenvainar el gladius . Juan y los gemelos , lívidos , no movieron un solo músculo . Bartolomé , en su afán por escurrirse hacia el fondo de la oscura estancia , se pisó el manto , cayendo de bruces sobre el entarimado . felipe corrió a despertar a Mateo Leví , y Andrés , tan pálido e indeciso como el resto , permaneció sentado , paralizado por el terror . Yo , por supuesto , también me asusté . Y haciendo acopio de toda mi serenidad , me eché a un lado , pegándome al muro derecho . A punto estuve de tropezar con el divan de Simón el Zelote . Su estado de postración era tal que ni siquiera escucho los golpes .
Evidentemente , el que se hallaba al otro lado de la puerta no sabía o no recordaba la contraseña . Y en mitad del silencio y de alguna que otra entrecortada respiración , el << intruso >> aporreo de nuevo la doble hoja , estremeciendo a los desolados discípulos . Santiago Zebedeo , más frío y audaz que sus amigos , dio unos sigilosos pasos , aproximándose a la puerta . Se situó a un lado , levantó la afilada arma por encima de su cabeza y , con la mano derecha , ordenó a Andrés que desantracara el madero . En medio de una gran tensión , el hermano de Pedro caminó despacio hasta la viga y , cuando se disponía a retirarla de una patada , una aguda y familiar voz nos llenó de perplejidad . ¡ Era Juan Marcos !
Autor :J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
¡ Cuánto desee en ese momento decirle la verdad ! Anunciarle lo que le reservaba el destino y , así , enjugar su pena y la mía .... Pero no era ése mi trabajo . Y palmeando sus fuertes espaldas , sólo se me ocurrió una difusa y nada reconfortante respuesta :
- Se trata de un trastorno ... pasajero.
El bueno de Pedro intentó corresponder con una sonrisa . Pero no lo logró . Y ocultando su rostro en aquellas velludas y encallecidas manos de pescador , comenzó a sollozar entre esporádicos temblores .
Tuve que retirarme , maldiciendo el código moral al que estaba sujeto .
Pero , de improviso , unos golpes vinieron a sacarme de mi aturdimiento .
La reacción del grupo fue fulminante y digna de haber sido narrada por los evangelistas .
Santiago Zebedeo se puso en pie de un salto , blandiendo la espada . Pedro , con los ojos desencajados por el miedo , fue a parapetarse tras el divan , no acertando , en su nerviosismo , a desenvainar el gladius . Juan y los gemelos , lívidos , no movieron un solo músculo . Bartolomé , en su afán por escurrirse hacia el fondo de la oscura estancia , se pisó el manto , cayendo de bruces sobre el entarimado . felipe corrió a despertar a Mateo Leví , y Andrés , tan pálido e indeciso como el resto , permaneció sentado , paralizado por el terror . Yo , por supuesto , también me asusté . Y haciendo acopio de toda mi serenidad , me eché a un lado , pegándome al muro derecho . A punto estuve de tropezar con el divan de Simón el Zelote . Su estado de postración era tal que ni siquiera escucho los golpes .
Evidentemente , el que se hallaba al otro lado de la puerta no sabía o no recordaba la contraseña . Y en mitad del silencio y de alguna que otra entrecortada respiración , el << intruso >> aporreo de nuevo la doble hoja , estremeciendo a los desolados discípulos . Santiago Zebedeo , más frío y audaz que sus amigos , dio unos sigilosos pasos , aproximándose a la puerta . Se situó a un lado , levantó la afilada arma por encima de su cabeza y , con la mano derecha , ordenó a Andrés que desantracara el madero . En medio de una gran tensión , el hermano de Pedro caminó despacio hasta la viga y , cuando se disponía a retirarla de una patada , una aguda y familiar voz nos llenó de perplejidad . ¡ Era Juan Marcos !
Autor :J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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