martes, 8 de septiembre de 2015

Caballo de Troya - El Diario del Mayor - Tomo 2 - 9 de abril , domingo ( 149 )

La voz enroquecida del apóstol me sumió en una indescriptible  tristeza . Como los de Juan y Simón el Zelote , sus ojos aparecían inchados  , enrojecidos  por la falta de sueño y las lágrimas y cercados por unas lamentables y negras ojeras.
¡ Cuánto desee en ese momento decirle la verdad ! Anunciarle  lo que le reservaba el destino y , así , enjugar su pena y la mía .... Pero no era ése mi trabajo . Y palmeando sus fuertes espaldas , sólo se me ocurrió una difusa y nada reconfortante respuesta :
- Se trata de un trastorno ... pasajero.
El bueno de Pedro intentó corresponder con una sonrisa . Pero no lo logró . Y ocultando su rostro en aquellas velludas y encallecidas manos de pescador  , comenzó a sollozar entre esporádicos  temblores .
Tuve que retirarme , maldiciendo el código moral al que estaba sujeto .
Pero , de improviso , unos golpes vinieron  a sacarme de mi aturdimiento .
La reacción del grupo fue fulminante  y digna  de haber sido narrada por los evangelistas .
Santiago Zebedeo se puso en pie de un salto , blandiendo la espada  . Pedro , con los ojos desencajados por el miedo , fue a parapetarse  tras el divan , no acertando , en su nerviosismo , a desenvainar el gladius . Juan y los gemelos , lívidos , no movieron un solo músculo . Bartolomé , en su afán por escurrirse hacia el fondo de la oscura estancia , se pisó el manto , cayendo de bruces sobre el entarimado . felipe corrió a despertar a Mateo Leví , y Andrés , tan pálido  e indeciso como el resto , permaneció sentado , paralizado por el terror . Yo , por supuesto ,  también me asusté . Y haciendo acopio de toda mi serenidad  , me eché a un lado  , pegándome  al muro derecho . A punto estuve de tropezar con el divan de Simón el Zelote  . Su estado de postración era tal que ni siquiera  escucho los golpes .
Evidentemente  , el que se hallaba  al otro lado de la puerta  no sabía  o no recordaba la contraseña  . Y en mitad del silencio  y de alguna que otra entrecortada  respiración  , el << intruso >> aporreo de nuevo la doble hoja  , estremeciendo a los desolados  discípulos  . Santiago Zebedeo  , más frío y audaz que sus amigos  , dio unos sigilosos pasos  , aproximándose a la puerta  . Se situó a un lado , levantó la afilada arma  por encima  de su cabeza  y , con la mano  derecha , ordenó a Andrés  que desantracara el madero . En medio de una gran tensión , el hermano de Pedro  caminó despacio hasta la viga  y , cuando se disponía  a retirarla de una patada  , una aguda y familiar voz nos llenó de perplejidad . ¡ Era Juan Marcos !
Autor :J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez

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