- ¡ Basta ya ...! Ponedle en pie y vestidle.
La voz del oficial jefe resonó cargada de impaciencia .
Y mientras los infantes tiraban de Jesús , yo desconecté los circuitos de la << vara de Moisés >> guardando las lentes de contacto .
Fue menestar que dos mercenarios apuntalaran el maltrecho cuerpo del Maestro al recuperar la posición vertical . Su extrema debilidad hizo que sus rodillas se doblasen , obligando a los soldados a sujetarle por las axilas . Otros romanos , a una orden de Civilis , acudieron en ayuda de sus compañeros , procurando que el prisionero no se desplomase sobre el enlosado .
Al ser izado , algunas de las heridas - especialmente la de los costados - volvieron a sangrar a borbotones y los riachuelos de sangre recorrieron rápidamente su vientre , ingles , muslos y piernas , hasta derramarse sobre las losas .
Alguien recogió sus ropas y , tras enfundarle la túnica , dispuso el manto sobre el hombro izquierdo , fajando después el tórax . El ropón quedó firmemente sujeto sobre el pecho y espalda de Jesús , de forma que , juntamente con la túnica , hicieron las veces de vendaje . Aquellos romanos sabían que aquel era un excelente procedimiento para taponar muchas de las brechas , cortando así parte de las hemorragias . Sentí un estremecimiento al imaginar lo que podía ocurrir en el momento en que el Galileo fuera desposeido de sus ropas . Si los coágulos quedaban encolados al tejido - como así debía ser -, la retirada de la túnica significaría un nuevo y doloroso suplicio , con la consiguiente apertura de las llagas .
La saqngre empapó inmediatamente la túnica blanca , que comenzó a gotear por las mangas y por el borde interior . Y el esponjoso tejido se vio teñido con innumerables y anárquicos corros rojizos .
Los soldados obligaron al nazareno a dar algunos pasos , pero , cuando apenas había arrastrado sus pies descalzos sobre el pavimento , la fuerzas le abandonaron , desmoronandose . La rápida intervención de los infantes de Civilis evitó que cayera al suelo . El grupo interrogó al centurión con la mirada y éste , desalentado , indicó a sus hombres que le sentaran en uno de los bancos de madera del pórtico.
Autor : J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
La voz del oficial jefe resonó cargada de impaciencia .
Y mientras los infantes tiraban de Jesús , yo desconecté los circuitos de la << vara de Moisés >> guardando las lentes de contacto .
Fue menestar que dos mercenarios apuntalaran el maltrecho cuerpo del Maestro al recuperar la posición vertical . Su extrema debilidad hizo que sus rodillas se doblasen , obligando a los soldados a sujetarle por las axilas . Otros romanos , a una orden de Civilis , acudieron en ayuda de sus compañeros , procurando que el prisionero no se desplomase sobre el enlosado .
Al ser izado , algunas de las heridas - especialmente la de los costados - volvieron a sangrar a borbotones y los riachuelos de sangre recorrieron rápidamente su vientre , ingles , muslos y piernas , hasta derramarse sobre las losas .
Alguien recogió sus ropas y , tras enfundarle la túnica , dispuso el manto sobre el hombro izquierdo , fajando después el tórax . El ropón quedó firmemente sujeto sobre el pecho y espalda de Jesús , de forma que , juntamente con la túnica , hicieron las veces de vendaje . Aquellos romanos sabían que aquel era un excelente procedimiento para taponar muchas de las brechas , cortando así parte de las hemorragias . Sentí un estremecimiento al imaginar lo que podía ocurrir en el momento en que el Galileo fuera desposeido de sus ropas . Si los coágulos quedaban encolados al tejido - como así debía ser -, la retirada de la túnica significaría un nuevo y doloroso suplicio , con la consiguiente apertura de las llagas .
La saqngre empapó inmediatamente la túnica blanca , que comenzó a gotear por las mangas y por el borde interior . Y el esponjoso tejido se vio teñido con innumerables y anárquicos corros rojizos .
Los soldados obligaron al nazareno a dar algunos pasos , pero , cuando apenas había arrastrado sus pies descalzos sobre el pavimento , la fuerzas le abandonaron , desmoronandose . La rápida intervención de los infantes de Civilis evitó que cayera al suelo . El grupo interrogó al centurión con la mirada y éste , desalentado , indicó a sus hombres que le sentaran en uno de los bancos de madera del pórtico.
Autor : J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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