Uno de los que había comenzado a desfilar hacia el prisionero traía en sus manos lo que , en un primer momento , me pareció una ceta de mimbre al reves . Pero cuando llegó a la altura del Galileo comprendí . No se trataba de una cesta , sino de un complicado << yelmo >> , trenzado a base de zarzas espinosas . Tenía forma de media naranja , con un aro o soporte en su base , formando por un manojo de juncos verdes , perfectamente ligados por otras fibras igualmente de junco .
Según pude apreciar , el casquete espinoso había sido entretejido con media docena de ramas muy flexibles , en las que apuntaba un terrorífico enjambre de púas rectas y en forma de pico de loro , con dimensiones que oscilaban entre los 20 milímetros y los 6 centímetros , aproximadamente .
La ocurrencia fue recibida con aplausos y risotadas . Y el que portaba aquel peligroso << casco >> de delgadas y parduzcas ramas se inclinó , simulando una reverencia . Después levantó la << corona >> a medio metro sobre el cráneo del Maestro , bajandola violentamente e incrustándola en la cabeza del rabí . Un alarido de satisfacción se escapó de las gargantas de la soldadesca , ahogando el gemido de Jesús , que , al contacto con las espinas , levantó la cabeza , golpeándose involuntariamente la región opcipital contra el muro sobre el que se hallaba adosado el banco . Aquel encontronazo con la pared debió hundir aún más las púas situadas en la zona posterior del cráneo.
El << yelmo >> , brutalmente encajado , cubrió casi la totalidad de la cabeza del reo . El aro sobre el que se sustentaba la red espinosa quedó a la altura de la punta de la nariz , dificultando , incluso , la visión del Maestro .
El agudo dolor de las 20 o 30 espinas que perforaron el cuero cabelludo , frente , sienes , orejas y parte de las mejillas conmocionó de nuevo al Hijo del Hombre , quien , conlos ojos cerrados en un movimiento reflejo de protección , permaneció durante varios segundos con la boca entreabierta , intentando inhalar un máximo de aire .
Al ver aparecer seis copiosos regueros de sangre por su frente y sienes temí que aquellas puas hubieran perforado la vena facial ( que discurre desde la barbilla a la zona ocular ).
Autor : J.J.benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
Según pude apreciar , el casquete espinoso había sido entretejido con media docena de ramas muy flexibles , en las que apuntaba un terrorífico enjambre de púas rectas y en forma de pico de loro , con dimensiones que oscilaban entre los 20 milímetros y los 6 centímetros , aproximadamente .
La ocurrencia fue recibida con aplausos y risotadas . Y el que portaba aquel peligroso << casco >> de delgadas y parduzcas ramas se inclinó , simulando una reverencia . Después levantó la << corona >> a medio metro sobre el cráneo del Maestro , bajandola violentamente e incrustándola en la cabeza del rabí . Un alarido de satisfacción se escapó de las gargantas de la soldadesca , ahogando el gemido de Jesús , que , al contacto con las espinas , levantó la cabeza , golpeándose involuntariamente la región opcipital contra el muro sobre el que se hallaba adosado el banco . Aquel encontronazo con la pared debió hundir aún más las púas situadas en la zona posterior del cráneo.
El << yelmo >> , brutalmente encajado , cubrió casi la totalidad de la cabeza del reo . El aro sobre el que se sustentaba la red espinosa quedó a la altura de la punta de la nariz , dificultando , incluso , la visión del Maestro .
El agudo dolor de las 20 o 30 espinas que perforaron el cuero cabelludo , frente , sienes , orejas y parte de las mejillas conmocionó de nuevo al Hijo del Hombre , quien , conlos ojos cerrados en un movimiento reflejo de protección , permaneció durante varios segundos con la boca entreabierta , intentando inhalar un máximo de aire .
Al ver aparecer seis copiosos regueros de sangre por su frente y sienes temí que aquellas puas hubieran perforado la vena facial ( que discurre desde la barbilla a la zona ocular ).
Autor : J.J.benitez
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