Quierp destacar en este sentido las valiosas noticias aportadas por Zebedeo padre en torno , sobre todo , a dos hechos que nos preocupaban especialmente: el bandidaje y los cazadores de palomas en el macizo que , en principio , fue designado como << candidato >> número uno . Este promontorio - el monte o har Arbel -, asomado a la orilla occidental del yam , con una altitud de 181 metros sobre el lago , presentaba las condiciones ideales : una cumbre despejada , rocosa y sin vegetación y un acceso relativamente cómodo a ciudades como Tiberíades ( a casi cuatro kilómetros ), migdal ( a uno y medio ) , Nahum ( a nueve ) y Saidan ( a catorce , aproximadamente ).
El tentador emplazamiento , sin embargo , se vino abajo . El primer inconveniente , como ya relaté , fue avistado en el viaje a Nazaret , al atravesar el wadi Hamâm. Este desfiladero - del que formaba parte el har Arbel - aparecía sembrado en su cara norte de una abundante cordelería que se precipitaba desde la cumbre hacia una nutrida colección de cuevas existentes en dicha pared . Y las iniciales informaciones , proporcionadas por Juan Zebedeo en aquel acidentado viaje , serian ratificadas y ampliadas en la playa de Saidan por el padre del discípulo . Estas cavernas , en efecto , seguían constituyendo un inmejorable refigio para toda clase de ladrones , esclavos huidos , desheredados de la fortuna y << sicarios >> y zelotas procedentes de las partidas que se levantaban regularmente contra el poder de Roma . A pesar de la << limpieza >> practicada por el rey Herodes el Grande en el año 39 a.de C, tomando al asalto dichas grutas , con el paso del tiempo nuevas remesas de asesinos y rebeldes habían vuelto a ocuparlas . Y era frecuente verlos escalar o descender por las citadas maromas , emprendiendo toda suerte de fechorías en la soledad del desfiladero de las Palomas . Las recompensas ofrecidas por sus cabezas no servían de gran cosa . La población de las inmediaciones , aterrorizadas , era incapaz de hacer frente a aquellos desalmados . Tampoco el patrullaje de las unidades romanas destacadas en la región resultaban efectivo . Entre otras razones - según el Zebedeo - porque algunos de los oficiales y suboficiales se hallaban compinchados con los jefes de estas partidas , percibiendo sabrosas comisiones sobre los botines arrebatados a los viajeros . Sólo cuando la alarma llegaba a límites insoportables , el gobernador de Cesarea o el tretarca Antipas tomaban cartas en el asunto , procediendo con operaciones más drásticas y contundentes . Pero , al poco , como una maldición , otras bandas venían a reemplazar a las exterminadas o cautivas , convirtiendo de nuevo el reseco wadi en un paradójico << río >> de sangre . Verdaderamente a la vista de este siniestro panorama , tuve que reconocer que la suerte (?) nos acompañó en aquella travesía con la SEñora , Juan Zebedeo y el << oso >> de Caná .
Autor : J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
El tentador emplazamiento , sin embargo , se vino abajo . El primer inconveniente , como ya relaté , fue avistado en el viaje a Nazaret , al atravesar el wadi Hamâm. Este desfiladero - del que formaba parte el har Arbel - aparecía sembrado en su cara norte de una abundante cordelería que se precipitaba desde la cumbre hacia una nutrida colección de cuevas existentes en dicha pared . Y las iniciales informaciones , proporcionadas por Juan Zebedeo en aquel acidentado viaje , serian ratificadas y ampliadas en la playa de Saidan por el padre del discípulo . Estas cavernas , en efecto , seguían constituyendo un inmejorable refigio para toda clase de ladrones , esclavos huidos , desheredados de la fortuna y << sicarios >> y zelotas procedentes de las partidas que se levantaban regularmente contra el poder de Roma . A pesar de la << limpieza >> practicada por el rey Herodes el Grande en el año 39 a.de C, tomando al asalto dichas grutas , con el paso del tiempo nuevas remesas de asesinos y rebeldes habían vuelto a ocuparlas . Y era frecuente verlos escalar o descender por las citadas maromas , emprendiendo toda suerte de fechorías en la soledad del desfiladero de las Palomas . Las recompensas ofrecidas por sus cabezas no servían de gran cosa . La población de las inmediaciones , aterrorizadas , era incapaz de hacer frente a aquellos desalmados . Tampoco el patrullaje de las unidades romanas destacadas en la región resultaban efectivo . Entre otras razones - según el Zebedeo - porque algunos de los oficiales y suboficiales se hallaban compinchados con los jefes de estas partidas , percibiendo sabrosas comisiones sobre los botines arrebatados a los viajeros . Sólo cuando la alarma llegaba a límites insoportables , el gobernador de Cesarea o el tretarca Antipas tomaban cartas en el asunto , procediendo con operaciones más drásticas y contundentes . Pero , al poco , como una maldición , otras bandas venían a reemplazar a las exterminadas o cautivas , convirtiendo de nuevo el reseco wadi en un paradójico << río >> de sangre . Verdaderamente a la vista de este siniestro panorama , tuve que reconocer que la suerte (?) nos acompañó en aquella travesía con la SEñora , Juan Zebedeo y el << oso >> de Caná .
Autor : J.J.Benitez
Un abrazo
Antonio Martinez
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